El jueves pasado, mientras el resto de la plantilla realizaba una sesión preparatoria de máxima importancia en la Ciutat Esportiva Joan Gamper —la última antes de viajar a Madrid para disputar la ida de las semifinales de la Copa del Rey contra el Atlético de Madrid este jueves 12 de febrero de 2026—, tres futbolistas presentaron partes médicos que hablaban de “molestias físicas” y “precaución por fatiga acumulada”.
El cuerpo técnico aceptó inicialmente las justificaciones y les permitió descansar.Sin embargo, en las últimas horas han salido a la luz pruebas irrefutables que demuestran que esas ausencias no respondían a ninguna lesión ni recuperación controlada, sino a un viaje privado a un destino costero del Mediterráneo.

Según múltiples fuentes internas del club consultadas por diversos medios, las imágenes y testimonios obtenidos son demoledores: los tres jugadores aparecen en fotografías y vídeos disfrutando del sol, paseando por playas, cenando en restaurantes de lujo y navegando en yates privados junto a sus parejas.
Ninguno de ellos presentaba signos visibles de lesión ni seguía ningún protocolo médico supervisado. Las pruebas llegaron al club a través de varios canales —algunos periodísticos, otros directamente de aficionados y testigos— y fueron verificadas por el departamento de seguridad y la dirección deportiva en menos de doce horas.

Hansi Flick, conocido por su disciplina férrea y su defensa absoluta de los valores profesionales, tomó la decisión en solitario tras una reunión de urgencia con el director deportivo y el presidente del club. La sanción es inmediata y contundente: los tres futbolistas han sido apartados del grupo profesional con efecto inmediato, no viajarán a Madrid para el partido de ida de semifinales de Copa del Rey y han recibido la multa máxima permitida por el reglamento interno del club.
Además, deberán realizar sesiones individuales de entrenamiento bajo supervisión estricta durante un periodo mínimo que aún no ha sido concretado públicamente, y su regreso al primer equipo quedará supeditado a una evaluación disciplinaria y deportiva.

Raphinha, el extremo brasileño que esta temporada se ha consolidado como uno de los jugadores más determinantes del equipo. Alegó molestias musculares en la zona isquiotibial para no participar en el entrenamiento del jueves. Las imágenes lo muestran sin ninguna limitación física, caminando por la playa y participando en actividades acuáticas sin aparente dolor.
Fermín López, el joven centrocampista andaluz que ha irrumpido con fuerza en la rotación y que Flick valora especialmente por su polivalencia y su entrega. Justificó su ausencia por “fatiga acumulada y precaución médica”. Sin embargo, fue localizado en un resort de lujo, lejos de cualquier centro de recuperación o seguimiento médico del club.
Dani Olmo, el fichaje estrella del último mercado de verano, que regresó al club de sus orígenes con la etiqueta de jugador diferencial. Presentó un parte que hablaba de “molestias leves en el aductor izquierdo”. Las pruebas gráficas lo muestran en un yate privado junto a su pareja, sin seguir ningún tipo de tratamiento ni reposo controlado.
La reacción en el seno del club ha sido inmediata y polarizada. Fuentes cercanas al vestuario aseguran que la decisión de Flick ha generado respeto entre la mayoría de la plantilla, que interpreta el gesto como una defensa radical del escudo y de la profesionalidad por encima de nombres individuales.
Sin embargo, también hay voces internas que consideran que la sanción llega en el peor momento posible: precisamente cuando el equipo ya arrastra dudas sobre la disponibilidad de otros jugadores importantes y se enfrenta a uno de los escenarios más hostiles de la temporada.
“En este club no hay lugar para mentiras ni para faltas de respeto al grupo. Si un jugador dice que no puede entrenar por motivos de salud y después lo vemos en la playa, eso no es solo una cuestión deportiva: es una cuestión de valores. No estoy aquí para ser amigo de nadie, estoy aquí para defender al FC Barcelona. Quien no esté dispuesto a darlo todo cada día, que no cuente conmigo. Punto.”
“El FC Barcelona informa que, tras la confirmación de ausencias injustificadas en el entrenamiento del jueves, el entrenador Hansi Flick ha aplicado las medidas disciplinarias previstas en el reglamento interno. Estas decisiones responden al compromiso del club con la profesionalidad, la transparencia y los valores que deben representar todos sus futbolistas. El cuerpo técnico y la plantilla centran ahora toda su atención en el encuentro de semifinales de Copa del Rey frente al Atlético de Madrid.”
La noticia ha provocado una auténtica tormenta en las redes sociales y en los programas deportivos. Mientras una parte importante de la afición culé aplaude la mano dura de Flick (“Por fin alguien pone orden”, “Esto es defender el escudo”, “Bien por el alemán”), otra sector critica la decisión por entender que debilita al equipo en un momento decisivo de la temporada (“Con las bajas que ya tenemos, ahora nos quedamos sin tres titulares”, “Esto es un suicidio deportivo”).
En el entorno del Atlético de Madrid la noticia ha sido recibida con una mezcla de sorpresa y satisfacción contenida. Varios jugadores colchoneros y miembros del staff han comentado en privado que “el ambiente en el vestuario rival está calentito” y que eso podría beneficiarles en un partido que ya se preveía muy físico y táctico.
Lo que está fuera de toda duda es que el FC Barcelona afronta ahora una de las semanas más complicadas de los últimos años. Sin tres jugadores importantes por decisión disciplinaria, con la presión de una eliminatoria de semifinales en el Metropolitano y con un vestuario que, aunque unido en teoría, acaba de vivir una fractura interna de gran magnitud.
El jueves, en Madrid, se verá si esta crisis termina convirtiéndose en un punto de inflexión positivo —con un equipo más concentrado y motivado que nunca— o si, por el contrario, se transforma en el principio de un desmoronamiento que nadie esperaba. Lo único seguro es que Hansi Flick ha dejado claro que, bajo su mando, no hay intocables.
Ni siquiera cuando el calendario aprieta y las semifinales de Copa del Rey están a la vuelta de la esquina.El fútbol, una vez más, demuestra que las decisiones más duras suelen tomarse en los momentos más inoportunos. Y que las consecuencias, para bien o para mal, se pagan en el césped.